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Mercedes-Benz C220 Bluetec Estate

En el campo de la estética también ha estado muy influenciada por mantener una discreción elegante, un sabor de «coche de calidad».

Pero ya lo sabes: «Algo está cambiando en Mercedes-Benz», y no sólo con la aparición de la gama compacta, sino que se está contagiando al resto de productos de la firma, que busca a largo plazo recuperar el liderazgo del mercado premium.

El giro de gustos del cliente típico de segmento D ha forzado a Mercedes-Benz a ofrecer coches más dinámicos

El equipo de Dieter Zetsche ha tenido que modificar la trayectoria de su marca. Y no por capricho, sino por necesidad. Ya lo hemos comentado alguna vez en estas páginas: El conservadurismo y el confort ya no están de moda, y ahora se lleva la transgresión y el dinamismo, aunque a veces este sea mal interpretado.


Los coches cómodos «no venden», Citroën o Rover lo han sufrido en sus propias carnes. Ahora hay que atacar con un perfil similar al que ofrece Audi.

Así, con esa lección bien aprendida, el nuevo Clase C estrenó estética orgánica, marcada por líneas de estilo artificiosas y decorativas, enormes tomas de aire en el frontal (especialmente en la unidad que nos ocupa, con kit AMG), llantas… Y también se modificó la puesta a punto del coche, para desandar el camino del confort a toda costa, e introducirse en una vía algo más pasional.

Diseño

En foto le sobran tomas de aire, en vivo diré que hasta le quedan bien

Cuando vimos el nuevo Clase C, inmediatamente nos recordó al también nuevo Clase S. Y eso no tiene por qué ser malo. El coche luce claramente mejor en vivo (más con este equipo AMG) que en fotos. El frontal, con la calandra muy vertical, los trabajados faros con tecnología LED y las épicas tomas de aire, en persona gusta más que en instantánea, en parte porque te olvidas de lo muy falsas que son esas tomas laterales de aire.


Si pasas al tres cuartos delantero, el corto voladizo delantero, la línea de estilo que nace en la aleta delantera, sobre la rueda, y la enorme llanta, perfectamente enmarcada, dotan de dinamismo al coche, que tiene un alargado capó, y una trasera que cae ligeramente hacia abajo.

Está claro que un Audi A4 e incluso un Serie 3 compensan mejor con sus carrocerías familiares el pilar C, con un diseño más tendido que aligera el peso visual de la trasera del coche, pero en el Clase C, a cambio, se logra más espacio de carga.

La vista trasera está presidida por dos falsas salidas de escape (vaya tela), y por unos bonitos grupos ótpicos con tecnología LED. El portón eléctrico (opcional), da un perfecto toque de versatilidad para cargar y descargar la compra, el carrito del peque, la bici o el perro.

Habitáculo

 El diseño interior es más audaz que el de sus rivales de BMW o Audi

Abrir la puerta nos descubre una reinterpretación del diseño interior de Mercedes, muy inspirada en la Clase S, y con ciertos toques de los compactos de la casa. Lo «bueno» es que se integra todo el equipamiento en una suerte de consola flotante (en negro piano atrapa-huellas en el coche de pruebas), que queda mucho más compensado visualmente que lo que ocurre en un Clase A.

Todo el diseño del salpicadero, muy orgánico, emula un salón, presidido por el televisor de pantalla plana Bang & Olufsen (la pantalla del sistema de infoentretenimiento), situado por encima de los difusores del climatizador, con un diseño inspirado por las turbinas de un motor de aviación (aunque mi mujer dijo que eran «agujeros con tapas como si fueran dedales»). Los apliques de aluminio genuino en salpicadero y puertas, los toques de iluminación ambiental (que se pueden cambiar de color), la elección de materiales y los ajustes son… Mercedes-Benz.


Es por ello que por ejecución y gusto en el diseño, nos parece mucho más atractivo que un Serie 3 de BMW, mucho más «germánico» y práctico. Y no es que el BMW tenga «mala calidad», que no la tiene, sino que simplemente Merecdes arriesga más en las formas y la presentación, y logra algo que tiene «un no sé qué» más profundo.

Aquí hay un toque más «latino» también que en un Audi, donde el diseño, siendo más trabajado que en un BMW, peca de germanismo.

Más allá del diseño está la erognomía, que a la postre importa más. El sistema de infoentretenimiento, que se puede manejar desde una ruleta o desde una suerte de touch-pad situado sobre la misma, tiene también botones dispersos por el salpicadero y alrededor del propio dispositivo «command». El resultado es que para completar una acción tienes al menos tres maneras de hacerlo (botón, ruleta o touch-pad), lo que al principio te vuelve un poco loco hasta que le pillas el aire.

Cogido en tranquillo diré que me parece más intuitivo el sistema de BMW o de Audi, pero el de Mercedes-Benz ha mejorado mucho, y representa una alternativa tan buena o más que la de sus rivales.

Las plazas delanteras son suficientemente espaciosas para cualquier talla, y el reglaje de asiento y volante te harán encontrar tu sitio rápidamente. La banqueta extensible para las pantorrillas y los ajustes lumbares te cuidarán bien, aunque el tamaño disponible entre los pétalos del respaldo se me antoja «medida americana», por exceso de ancho.


El volante tiene tras de sí, a la Mercedes, una «mono-palanca» para casi todas las funciones a la izquierda (luces largas, intermitencias, limpia-parabrisas…), mientras que la palanca de la derecha hace las veces de control del cambio de marchas, para meter D, N, P o R. Dos pequeñas levas sirven para manejar manualmente el cambio de velocidades 7G-Tronic opcional del coche de pruebas.

El equipo de audio opcional Burmester es toda una demostración de cómo conseguir genialidad sonora en el habitáculo

Las plazas traseras, por su parte, se nos antojan más justitas. Para empezar, la puerta no se abre tanto como en otros rivales de segmento y el hueco para acceder no es enorme (meter una sillita isofix tiene lo suyo). El espacio para piernas, espalda y cabeza (el techo Wagon ayuda en esto, a pesar de que el coche de pruebas tenía techo panorámico de cristal), es aceptable, alineado con sus dos rivales germanos, aunque sigue siendo para dos adultos, ya que la plaza central, con el túnel de transmisión, se me antoja insoportable para trayectos largos.

El espacio del maletero está enrasado con la boca de carga (queda una caja debajo), y resulta aprovechable. Con el portón eléctrico abierto, cargar y descargar es un juego de niños, ayudado por una cortinilla para cubrir el maletero que se repliega sola al abrir el maletero.

Rodando

Repasado todo en estático, toca arrancar, girando la llave (hey, sin botón de arranque). El diésel de 2,2 litros y 170 caballos nos recibe con cierto traqueteo «tractoril», que se calma cuando toma algo de temperatura. Si echamos a andar, también desaparece en gran medida su sonido.

Empezando a rodar por ciudad, la primera sorpresa me la lleve casi de inmediato. En las calles llenas de baches, badenes y tapas de alcantarila mal enrasadas, el C220 Bluetec de pruebas se mostró mucho más seco de lo que recordaba del anterior Clase C. Es más, me recordó en esto a un A4 S-Line. El uso de llantas calzadas con neumáticos de enormes dimensiones y perfil bajo y rígido tienen algo que ver con esto, y la suspensión deportiva otro tanto.

Más sorprendente si cabe es que estos baches conseguían mover el coche de su trazada a 30 por hora por ciudad, especialmente la trasera. El emplear ruedas de 255 milímetros de sección en un coche de 170 caballos es difícil de entender, y apareja estos compromisos, sólo explicados por la mejora estética conseguida.

En ciudad gasta poco, es suave en los cambios de marcha y por motor, pero la suspensión resulta seca

Por lo demás, el Clase C es un coche que se desenvuelve con total competencia por la ciudad. Maniobrar con la cámara de visón trasera, resulta sencillo. Sólo los retrovisores te entorpecen algo la visibilidad en la incorporación a rotondas. Por lo demás, dirección, aislamiento sonoro (muy muy cuidado), y respuesta de par motor y de la caja de cambios (cuyos cambios de relación no se perciben en estas condiciones), generan un ambiente plácido, aún en el peor de los atascos. Opcionalmente se puede adquirir el sistema de conducción asistida hasta 60 km/h para liberarte en atascos de las labores de conducción, pero el coche de pruebas no tenía ese sistema.

El consumo del 170 caballos es ridículamente bajo. Seis litros y poco bastan cada 100 kilómetros para saciar su sed en entorno urbano, algo realmente bajo para la potencia y el par disponibles.

Si salimos a carretera abierta a cubrir kilómetros, nos volvemos a encontrar magnificadas estas características que ya te he comentado arriba. Por un lado, el aislamiento sonoro es genial: El motor no se escucha, y las ruedas tampoco hacen demasiada presencia con su rodadura.

El problema está en el calzado y en las reacciones a baches. El coche se vuelve a mostrar seco en carretera abierta, y descompone su trazada si pisamos un bache o irregularidad. Además, se muestra «buscón», parece que quiere pisar todas las irregularidades que hay en el asfalto. En este sentido, un Serie 3 no me pareció tan «perturbable» por las desigualdades del firme.

El motor se conforma en este tipo de carretera con entre 5,8 y seis litros cada 100 kilómetros. Si unes esto al depósito de combustible de más de sesenta litros, tienes una autonomía casi interminable de 800 kilómetros entre repostajes.

Si conduces de noche, las luces con tecnología LED hacen de día cualquier trazado, pero el sistema de automatismo de luces largas no termina de funcionar como debe, y es más efectivo jugar con el mando a mano.

¿Y qué pasa si intentamos divertirnos un poco con el Clase C? Algo de dinamismo ha ganado el coche. La dirección es precisa, los frenos potentes, aunque el recorrido del pedal y la presión a ejercer son extrañas y no son modulables «a gusto del consumidor». La caja de cambios, actuada con las levas, no es la mejor para disfrutar de un trazado de curvas, y aún con el selector de modo de conducción en el formato más deportivo, tiene vicios en modo automático (tarda en reducir, o mete una marcha cuando no lo esperas).

Más dinámico que antes sí resulta en curva, pero se descoloca demasiado ante asfalto roto

El morro no cabecea en frenada, la carrocería no balancea sobremanera, y la trasera hasta se puede hacer guiñar si uno se lo propone (y con 255 de rueda y nieve cayendo, se provoca fácilmente, te lo digo con experiencia involuntaria).

Pero a pesar de todo esto, no es el Clase C un coche que sea divertido de llevar rápido. Es claramente más competente que entregas anteriores, pero no te deja sentir la carretera. Te lo filtra todo mucho, la dirección no te habla, el freno no te permite gestionar lo que haces, y el acelerador tampoco es directo.

Así que si te quieres divertir, nos tememos que el Serie 3 aún sigue siendo la opción predilecta, por mucho que estéticamente este C sea todo un «cantón de deportividad».

Conclusiones

Me ha llamado la atención por todo ello este Clase C. En lo estético, es un coche ambicioso por fuera, y algo radical para lo que estilaba el cliente «merche» típico hasta ahora. Por dentro está mucho más logrado, y resulta también más atrevido que sus rivales premium.

Dinámicamente, especialmente con el acabado y suspensiones de la unidad probada, creo que se ha cometido en parte un error: Sí, el coche, sobre asfalto perfecto, demuestra una pisada más deportiva, pero se compromete el confort ante baches, e incluso, yendo al ataque, está más condicionado, porque rebota en ellos y descoloca las trayectorias. A veces resulta más efectivo ir un pelo menos calzado y menos duro, y poder mantener las ruedas en el suelo.

Mercedes ha cambiado la filosofía de la Clase C: De un coche con rodar superior, cómodo y confortable a pasado a un coche más dinámico, pero también más seco

El C en ese sentido, con el acabado AMG y sus rodillos 255, es una licencia estética para quien busque destacar y exclamar «deportividad» por la ventanilla, pero que luego no sea un volantista «a lo Nico Rosberg».

Barato el C familiar no es. De hecho, es más caro que sus rivales, y las opciones que hay que sumar a parte lo complican más (cosas como el control de crucero adaptativo, el cambio automático…). Pero oye, es un Mercedes, y eso se paga. También es cierto que aguanta mejor su valor a lo largo de los años que sus rivales.

¿Me lo compraría? Antes iría a por un 320d Touring de BMW, pero porque soy más de acción que de diseño. Si no fuera a atacar curvas con él, el Mercedes me parece más simpático y audaz en su habitáculo.

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