La calidad del diseño funcionalista, o por qué el Golf es tan sumamente continuista

El Golf ha resultado ser, una vez más, una copia de si mismo. Mejorada. Con más tecnología. Más eficiente y segura. Pero el Golf sigue siendo exactamente eso: un Golf. Y aunque serías capaz de diferenciar sus tres últimas generaciones a primer golpe de vista, es innegable que apenas ha habido una evolución seria en el ADN de su imagen.

Pero, ¿son nuestras críticas razonables? ¿Es el Golf un diseño «de calidad»? ¿O demuestra la falta de innovación e ideas de Volkswagen? Vamos a marcarnos un artículo de opinión al respecto, contemplando las diversas líneas del diseño automovilístico actual a fondo.


El nuevo Golf es fruto de la corriente de diseño industrial del funcionalismo, y bajo sus criterios, es todo un éxito

Para poder hablar del buen diseño, y hacerlo con propiedad, vamos a intentar ser objetivos, e ir más allá del «me gusta o no me gusta». Volkswagen es una compañía alemana, y el espíritu alemán es básicamente la esencia de todo el lenguaje de su diseño, para todos sus productos.

Todos los productos de Volkswagen (y de Audi, aunque de eso, si quieres, hablamos otro día), respiran de lo que podríamos catalogar como la cultura del diseño de Dieter Rams. El señor Rams fue jefe de diseño de Braun, la compañía de pequeños electrodomésiticos alemana, durante un buen puñado de años.

Rams es uno de los grandes valedores de la tendencia del diseño «funcionalista», donde la funcionalidad está por encima de cualquier otro aspecto en el diseño. Tan alargada es su figura, que sus principios de diseño se estudian en cualquier escuela de diseño industrial o arquitectónico.

Rams promulgaba diez preguntas para valorar si uno de sus diseños era bueno. Cuestiones que podemos extrapolar a prácticamente cualquier producto de consumo:


  1. ¿Es innovador? Para Rams siempre hay posibilidades de innovar, pero es la innovación tecnológica y su desarrollo la que debe servir de catalizadora del diseño. Es decir, Rams no innova formas «por innovar», sino que cualquier modificación en las formas tiene que responder a una mejora en la técnica que exija un nuevo diseño.
  2. ¿Es útil? Un producto está diseñado por y para ser usado. Y su uso no sólo debe resultar funcional, sino que también tiene que «parecerlo», es decir, no sólo se trata de que el producto sea fácil de emplear, sino que debe transmitirte visualmente su función y honestidad.
  3. ¿Es estético? Rams cataloga como «estético» a un producto que integra su imagen en su utilidad y en la calidad de la ejecución de sus detalles. Es por ello que sólo los productos bien ejecutados resultan bellos según su criterio.
  4. ¿Es comprensible? Expresar la función en la forma. Que un lápiz parezca un lápiz es una cuestión fundamental para Rams.
  5. ¿Resulta discreto? Un producto con un diseño de calidad no ha de llamar la atención poderosamente. Rams entiende el diseño industrial del producto como el diseño de una herramienta, que no es en si misma una obra de arte o un objeto decorativo, por lo que debe resultar discreto.
  6. ¿Es honesto? El diseño debe representar las cualidades del producto, y no exagerarlas. La honestidad nace de no generar mayores expectativas estéticamente de las que el producto puede ofrecer en realidad.
  7. ¿Es duradero? Por diseño duradero, Rams entiende el diseño que no se pasa de moda, que mantiene su capacidad de parecer a lo largo de los años un producto de calidad. Las modas no funcionan en el Funcionalismo, ya que son, por definición, pasajeras.
  8. ¿Es un diseño pensado hasta el último detalle? Ningún aspecto del diseño puede ser dejado al azar, o no ser cuidado hasta el más mínimo aspecto. Esto muestra respeto hacia el cliente del producto, y por tanto, hay que tener un amor obsesivo por el más pequeño de cada uno de los detalles del producto.
  9. ¿Es ecológico? Preservar el entorno es una máxima para Rams, y es uno de los puntos que el buen diseño no puede obviar, por lo que dentro del diseño del producto se ha de considerar la vida completa del mismo.
  10. ¿Tiene la mínima cantidad posible de elementos? El diseño por el diseño no es algo que guste a Rams. La esencia del diseño es retornar a lo puro, a lo simple, eliminar los adornos superfluos e innecesarios. Menos es más.

Hay dos corolarios más para Rams, que son el odio y el desprecio a la obsolescencia programada (crear un producto diseñado para envejecer de manera programada), y el desarrollo sostenible a largo plazo.


A estas alturas te habrás percatado ya de que hay una clara asociación entre los principios del diseño de Rams y los principios del diseño de Volkswagen y el Grupo VAG en general. Para Volkswagen, aunque ellos no lo confirmen abiertamente, Dieter Rams y el Funcionalismo son religión en cada uno de sus nuevos diseños y sus nuevos productos.

El altavoz LE1 de Bosch diseñado por Dieter Rams es un buen ejemplo de su «religión» de menos es más

Si aplicamos el análisis de Rams sobre el diseño del Volkswagen Golf, descubriremos un producto diseñado para perdurar en el tiempo. La séptima generación nace como la evolución de las seis anteriores, y con el objetivo de no generar obsolescencia, no rompe con la estética anterior, para no «hacer viejos» a los modelos anteriores.

El nuevo Golf es pureza de diseño en sí misma, reducción del mismo, minimalismo, cuidado por los detalles (basta mirar lo trabajado de los grupos ópticos, por ejemplo). La innovación viene de la mejora técnica aplicada en el mismo. Detalles como que las ruedas se encuentren mejor enrasadas en las aletas, que haya menores voladizos, o se pierda altura responden a la mejora de la tecnología en los últimos años.

El Golf bebe de la idea de Rams de no crear obsolescencia, sino evolución

El Golf es funcionalismo puro, con pureza de formas, honestidad, y cuidado por el detalle, pero sin querer llamar la atención sobre el propio producto

Los elementos visuales se reducen a lo mínimo, para mantener la honestidad y la discreción, limitándose a una línea de estilo que tensa las formas a la altura de las manillas de las puertas, y que refuerza el lenguaje horizontal predominante en el diseño del Golf, que cada vez busca más esa forma «monocuerpo» uniforme, que respete el lenguaje de un hatchback y lo reconvierta en minimalismo.


Si lo valoramos respecto a la clasificación de Rams, por tanto, podemos decir que el diseño estético del Golf es «buen diseño», es «un diseño de calidad», pues cumple con todos los preceptos del Funcionalismo.

Y si esta tendencia de diseño funcionalista, honesto y minimalista te suena, es porque ya la estás viendo aplicada a otras grandes marcas que están teniendo éxito con ella. Porque Apple es otra de las compañías que más fuerte está apostando por aplicar lo que el diseñador de Braun promulgó en los años cincuenta y sesenta. El minimalismo como cultura estética en el comienzo del siglo XXI podríamos decir. Una nueva generación de productos que no llaman la atención por sí mismos, sino por la sencillez y su continuidad.

Un día, Volkswagen comentaba en una rueda de prensa que ellos pueden permitirse el lujo de aplicar buen diseño al Golf, y evolucionarlo a partir de una forma conocida, porque el Golf es un éxito, un coche cargado de una identidad, al que le basta con mantenerse en la cresta tecnológica con renovaciones que no modifiquen su ADN fundamental, para mantener el nivel de ventas, y seguir siendo la referencia. Los demás, decía Volkswagen, no pueden hacer eso, y tienen que reinventarse constantemente porque no tienen ese producto «ideal», ese producto con un carácter fuerte y propio, sobre el que evolucionar, así que tienen que revolucionarse una y otra y otra vez, rompiendo moldes, pero creando a su vez tendencias poco duraderas, y polarizando la opinión.

Pero una cosa es que yo, ya a nivel personal y profesional, pueda reconocer al Volkswagen Golf como un buen producto de diseño, encuadrado dentro de la identidad funcionalista y dentro de su origen alemán, y otra cosa es que sea un coche que me despierte pasión o emoción.

Y es que como toda tendencia, el funcionalismo tiene sus defensores, pero también sus detractores. Si bien el funcionalismo es una acertada vía de diseño de productos industriales donde el valor del producto está en la experiencia del usuario, y la capacidad de realizar la tarea que se espera de él sin llamar la atención sobre su propio diseño, hay una facción de personas, la de los amantes puros del mundo del motor, que ve en los coches obras de arte.

Y por propia definición del funcionalismo, un producto diseñado bajo sus premisas no puede ser una obra de arte. Para aquellos que buscan «el diseño por el diseño», el arte en las formas de un producto industrial como es un coche, los parámetros del señor Rams, que es todo un genio, no son válidos.

El Alfa Romeo 33 Stradale es un buen ejemplo de obra de arte sobre ruedas, que cuestiona los principios del funcionalismo, ofreciendo «diseño por el gusto del diseño»

Es entonces cuando aparece otra tendencia más latina y pasional para crear productos. Esa cuya cuna está en Italia, donde el color lo inunda todo, y donde se busca la inspiración en las formas sensuales para crear sensaciones visuales más allá del uso del propio producto. Y es que cuando miras un Alfa Romeo 33 Stradale, simplemente posar sus ojos sobre sus formas ya te excita, te provoca, y crea sensaciones en ti más allá de lo racional. Tal vez luego a la hora de conducirlo, sus prestaciones no estén a la altura de las emociones visuales. Tal vez no corra, o tal vez sus formas no respeten la pura funcionalidad, pero es la locura del diseño pasional, del carácter latino, lo que diferencia esta tendencia del funcionalismo puro y duro.

Ahí está probablemente la gran dicotomía del buen diseño, en definir como buen diseño ambas tendencias. Porque no podemos negar la validez del decálogo de 10 puntos de Rams, pero tampoco podemos negar la belleza, suntuosidad y calidad del diseño pasional, donde las formas tienen su propia identidad, aunque esta no tenga más utilidad que la de regalarnos los sentidos.

Hay varias tendencias en el diseño actual, y todas ellas pueden ser válidas. No se trata de discutir sobre la calidad del diseño funcionalista, o la necesidad de pasión en las formas de los vehículos, sino saber determinar qué es lo que a uno realmente le interesa comprar

¿Podríamos dividir entonces los diseños de todos los coches entre funcionalismo y pasión? Probablemente, pero esa no es mi ambición personal. Dividir y separar nunca ha sido una buena idea. Más allá del blanco y del negro existe un mundo de tonos grises donde la gran mayoría de nosotros nos encontramos. Puede que la clave para respetar y entender los diseños de cada fabricante esté en comprender la razón de su esencia, y qué los empuja a ser como son.

Por último, un apunte claro, de reverencia. Ante los que critican e insultan a Walter de Silva por su trabajo en Volkswagen, yo me descubro ante su genialidad. De Silva ha sabido captar lo que diferencia a Alfa Romeo de Audi o Volkswagen. Llegó a Alemania cargado de pasión latina, pero allí vio que lo que se precisaba era un diseño «basado en los principios de Rams», y supo reinventarse, adaptarse y triunfar en una tendencia que nunca antes había explorado.

La clave del éxito de Walter de Silva pasa por haber sabido adaptar su trabajo a lo que cada compañía requiere por su ADN

De Silva ha pasado del amor de «las formas por las formas» (156 ó 147) al diseño honesto, minimalista y discreto. Algo que muy pocos profesionales habrían sido capaces de hacer.

Corolario personal: Personalmente prefiero el diseño pasional para los automóviles al diseño funcionalista, pero eso ya es algo personal, algo que deberás valorar tú mismo mirando hacia tu interior.



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