¿Por qué los coches son tan caros en Argentina?

La respuesta en este caso es sencilla, los tres países son los más representativos a nivel de volumen de ventas entre los países de habla hispana, por esto descartamos hacer comparaciones entre otros países como Brasil, Alemania, Estados Unidos, Japón u otros. Argentina posee una composición de gustos automovilísticos más parecido al mercado europeo que al norteamericano, como es el caso de México, que a su vez es una potencia en cuanto a producción.

Los valores que se analizarán son los sugeridos al público en febrero de 2017, en las páginas webs oficiales de Ford Argentina, España y México. El Ford Focus es un modelo global y lo encontramos en ambos continentes con propuestas similares e igual posicionamiento de mercado. Este modelo se vende en estos lugares y representa relevancia en volúmenes de venta para ser comparados, todos en sus acabados más básicos de cinco puertas en el mercado argentino y español, y sedan únicamente en el mexicano.


Para el Focus armado en Argentina el motor básico es el 1.6 sigma, 2.0 gdi para el mexicano montado en Estados Unidos y 1.0 Ecoboost en el de España ensamblado en este caso en Alemania. Aquí ya se observan algunas diferencias en cuanto a las configuraciones de cada país, donde en términos relativos y solo mirando las motorizaciones, el Focus vendido en la tierra del Tango ofrece una motorización menor en cuanto a tecnología y prestaciones frente a la modernidad y eficiencia ofertada por el Ecoboost europeo, o la mayor cilindrada y potencia del sedán mexicano.

La carga impositiva que poseen los automóviles es uno de los primeros culpables que nos encontramos cuando lo analizamos con detenimiento, y, para ser honestos, muchas veces los propios habitantes no pueden dilucidar qué impuestos están pagando a la hora de comprar un coche nuevo; mucho menos lo podrá hacer un extranjero que no conoce el sistema de impuestos indirectos que el Estado impone a las terminales, importadores, concesionarios o consumidores.


Vivir en el Norte de Argentina implica para un residente pagar más en cuanto a formularios y transporte a la hora de tener un km0 ya matriculado; sería casi un 20% más del valor de venta al público tratado. Sin embargo, vivir en el sur de la república, en la Patagonia, convierte a sus ciudadanos automáticamente en habitantes privilegiados con relación a los otros, ya que los impuestos son más bajos y las exenciones mayores. Esto es así por un sistema que los ayuda a sobrevivir en lugares con climas más hostiles, ahorrandoles un 11% estimativamente a la hora comprar el Focus según el precio de venta sugerido por la web de Ford Argentina.

Dentro de la misma Patagonia existe la Isla de Tierra del Fuego, que es una zona franca donde la gente no paga los impuestos de los que se tratarán más adelante, o lo hacen mínimamente, con motivo de promocionar su desarrollo. Ser beneficiarios de esta ventaja impositiva no permite viajar al continente por más de 30 días en un automóvil propio; aquí la reducción del precio puede llegar hasta en un 40%, teóricamente.

Pero el valor promedio en el centro y norte del país sigue siendo el sugerido por la web de las diferentes marcas, así que lo valedero es centrar la atención en estos precios, que son los que desembolsaran el 80% de los argentinos.

El IVA es el primer impuesto que, en realidad, es inevitable por cualquier producto industrializado en la Argentina, que es del 21% en los vehículos tradicionales y del 19% para los comerciales, esto explica en parte porque el vehículo más vendido de todo tipo fue la Toyota Hilux, seguido de muy cerca por el Volkswagen Gol en 2016.


Aparte del IVA, un coche importado pagará un 35% de impuestos aduaneros si es construido fuera del Mercosur o México, sobre el precio de compra a fábrica, antes de llegar a los concesionarios para su venta al público. Un coche que se ensamble en cualquier otro país, incluida la Unión Europea y Estados Unidos, deberá pagar el impuesto extrazona del 35%, por un acuerdo firmado en la conformación del bloque económico Mercosur. También lo harán los coches armados en los países miembros del bloque o México, con quienes la República ha firmado acuerdos de libre comercio, que no posean una integración mínima de piezas del 30% -estimativamente- producidas en la región.

Otro impuesto de relevancia que grava a los coches es el denominado impuesto al lujo, que se aplica en dos escalas: una del 10% a aquellos que superen su precio de venta al concesionario de 380.000 pesos (23.019 euros) y del 20% para todos aquellos que superen los 800.000 pesos (48.461 euros). El impuesto al lujo hace que turismos populares, como un Ford Fiesta en su versión más equipada, esté al límite de pagarlo, y el Focus lo pague en toda su gama menos en la más simple, o un mediano como lo es un Mondeo lo pague en la totalidad de su gama y motorizaciones.

Es decir, para un argentino medio poseer un Ford Focus es un artículo suntuario y no un medio de movilidad

Comprar un vehículo diésel, excluyendo a los comerciales, en Argentina es también más caro, y carga con un 11% extra en impuestos frente a un gasolina tradicional. Tampoco existen incentivos a los eléctricos o híbridos, como en Europa, solo están exentos del pago de IVA y arancel aduanero las primeras 200 unidades de este tipo de motorizaciones, después pagan la tarifa plena como cualquier otro coche. Es así que la Argentina llegó a tener el Toyota Prius y Peugeot 508 diésel más caros del mundo.


Comprar un importado gasolina con un motor de 3.0 litros o diésel de 2.5 litros, implica sumarse a una lista espera hasta que al importador le aprueben las Licencias no Automáticas, que consisten en un control extra para regular la libertad del mercado, que conlleva un cargo extra, por la razón de la alta cilindrada que poseen.

De acuerdo a infoBAE, la presión tributaria sobre los coches puede alcanzar hasta el 54,8% del valor de venta al público. Dicho en otras palabras si quieres comprar un Focus -que cuesta 21.310 euros- unos 11.677 euros se los llevará el Estado y el resto (9.633 euros) se distribuye entre la fábrica y el concesionario.

Pero pagar impuestos no es lo único que hace que un auto valga más en Argentina, también influyen los denominados costos fijos, como el del transporte y la energía, ya que todo se mueve por camiones, que lo vuelve altamente caro e ineficiente. Para trasladar su producción al puerto de Buenos Aires o a Brasil, o bien para distribuirlos por el país las terminales no cuentan con una red férrea moderna, u otro tipo de medios como puertos o autovías rápidas y en buenas condiciones.

La presión también se siente desde el sector gremial, donde las estrictas leyes laborales hacen que los trabajadores posean beneficios que deben satisfacer las empresas, fabricantes o importadoras, repercutiendo necesariamente en el precio al consumidor final. Los sindicatos de trabajadores del sector deben cada año negociar con las patronales los aumentos que recibirán durante el año, más los bonos de navidad y fin de año, esto indirectamente hace que los precios se inflen más de la cuenta ya que los sindicatos tienen el poder de paralizar la planta si es necesario.

Otro factor decisivo es la falta de competencia entre las terminales, y la economía de escalas. Son muy pocas las empresas que tienen factoría propia en el país, producen poco y cuentan con muy poca competencia interna y externa en un mercado casi cerrado. Brasil, por tamaño, lleva las de ganar en vehículos de pasajeros, produciendo mayor número de unidades, con la ventaja de poder acceder a menores costos de producción y tecnología y mandarlos al país sin arancel aduanero por ser parte del Mercosur, pero esto no hace que los precios bajen ya que los coches tampoco son baratos en Brasil.

El sector automotriz, lastimosamente es uno de los más regulados, es así que la única manera de instalar una fábrica de automóviles en la república es a través de una autorización expresa del presidente de la nación, por lo que son pocas las “Terminales radicadas”, como se conocen a las que tienen el privilegio de poseer fábrica en el territorio.

También deben afrontar las automotrices el precio excesivo de la burocracia del Estado a la hora de homologar las diferentes versiones de equipamientos, motores y carrocerías de los distintos modelos. Para poder vender automóviles en el mercado interno, se deben seguir una serie de trámites que conlleva un control estatal donde se verifica que el modelo se adapte a las normas europeas y cumplan con las regulaciones de emisiones que rigen en el momento, aquí vale aclarar que las terminales firman un contrato de confidencialidad con el Fisco de no divulgación de los resultados a cambio de un canon, también secreto.

Los tiempos de homologación de un cierto tipo de modelo pueden durar desde 6 meses a los casi 3 años que duró la puesta a punto de la Renault Kangoo eléctrica, dentro de un organismo que no hace pruebas de choque ni de larga duración como las agencias europeas o estadounidense. Lo que se menciona antes hace que las empresas más grandes se valgan del lobby para poder vender sus productos más rápido y esto se aplica a los modelos importados y de fabricación nacional como el Focus del ejemplo.

El precio también es producto de la alta inflación y la poca financiación existente, los consumidores no poseen acceso a créditos accesibles para la compra de automóviles y si los hay superan el 40% de interés a muy corto plazo, cosa que llevaría a nuestro Focus a superar ampliamente los 40.000 euros puesto en la calle.

El último factor al que haré referencia es uno que fue inventado hace poco tiempo por la anterior administración y que no fue derogado por la actual. Este se denomina Cupo de Importación, y consiste en que las empresas que deseen importar coches al país, deben realizar exportaciones de igual cantidad de dólares con cualquier tipo de productos que le permita acceder a las divisas necesarias para compensar las salidas de estas por la compra de vehículos.

Es algo sumamente raro, que llevó en los peores años a BMW, Porsche, Kia y otras que no tenían fábricas en el país a exportar vino, cuero, y diferentes tipos de productos inimaginables, con tal de hacerse de las divisas que necesitaban para poder vender sus coches. Actualmente basta con una promesa de inversión al gobierno, como sustituto al Cupo de importación, pero la normativa existe y nunca se sabe cuándo la aplicarán.

En los últimos tiempos, debido a la recesión económica, se pueden observar algunas promociones puntuales y proliferan los denominados planes de ahorro donde las personas forman una especie de grupo de consumidores administrados por las empresas, pagando una cuota mensual consistente en una fracción del precio del automóvil, y pasado un tiempo y pagado cierto porcentaje del total, pueden acceder a su unidad.

Ejemplos hay varios y por todos ellos los coches cuestan mucho en Argentina. Pero cada país posee su propia lógica y en Argentina cada vez se venden más vehículos, con la particularidad de que el boom no son los SUVs sino las pick-ups, como vehículos a los que la gente aspira. Según datos estadísticos de ACARA (Asociación de concesionarios de automotores de la República Argentina), se venden más pick-ups que SUVs, a igualdad de precios, y por esto Fiat creó la Toro y Renault la Duster Oroch, pero eso ya es harina de otro costal.



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