Los «Food truck» son «cool» e ilegales

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Pablo Mayo Sanz
@pablomayosanz
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El movimiento viene de lejos, las cosas como son. Cualquiera que haya estado en Estados Unidos o vivido su cultura sabe bien que lo de los camiones de bocatas y asimilados vienen de lejos. Pero es en los √ļltimos tiempos «pro-hipster» cuando se han puesto de moda, con comida elaborada «con productos locales», con hamburguesas de esas de 15‚ā¨…

Y ahora, como siempre o casi siempre con bastante retraso, Europa est√° abriendo sus brazos a importar el concepto. En todo el viejo continente se est√° activando esta moda. Hasta algunos fabricantes como PSA han decidido montar sus propias iniciativas con la Peugeot Food Truck.


Mientras, en Espa√Īa, Televisi√≥n Espa√Īola se ha animado con un reality tipo Top Chef o M√°ster Chef, compuesto de furgonetas de comida.

A estas alturas si te gusta la gastronom√≠a y te gustan los coches, es m√°s que probable que hayas empezado a atar cabos y pensar eso de que «molar√≠a» vivir de pueblo en pueblo, de ciudad en ciudad, de calle en calle, vendiendo comida en un puesto de este estilo, tan «cool». Especialmente si llevas barba, claro que s√≠.

Pero, oh, sorpresa, resulta que los «Food truck» son ilegales en nuestro pa√≠s. No s√≥lo eso, a pesar de que los entendidillos de algunos medios han recibido el encargo de escribir sobre la √ļltima moda y se han atrevido a presupuestar en «20.000‚ā¨» montarte tu propio furg√≥n de comida, resulta que la realidad est√° muy lejos de esa cifra.

La imagen de un «Food Truck» lo es todo. El aspecto del cami√≥n y su toque neo-retro son el polo de atracci√≥n para poder hacer que la gente se pare a pedirte algo. En la vieja Europa hay una camioneta que en ese aspecto ha podido mucho m√°s que las dem√°s. Se trata de la m√≠tica Citro√ęn HY.


Con 45 o 58 caballos, en funci√≥n de la versi√≥n, esta furgoneta de post-guerra tiene el aspecto retro y el espacio libre necesario para configurar un polo de atracci√≥n magn√©tico. Pero que las apariencias no te enga√Īen. Con un motor tan vetusto y viejo, no es precisamente r√°pida o fiable. En otros pa√≠ses con legislaciones m√°s laxas en cuanto a transformaciones, cambiar el motor por uno moderno (Ford en Reino Unido, por ejemplo) resulta relativamente sencillo, pero en Espa√Īa tendr√°s que quedarte con los motores de cuatro cilindros originales de Citro√ęn.

Una de estas furgonetas en mal estado (que por cierto, tambi√©n se ensamblaron en Vigo) puede costarte cerca de 10.000‚ā¨. Si acometes un saneamiento completo (√≥xido, mec√°nica) y adem√°s le adaptas la cocina y todos los aperos necesarios para convertirla en una «Food truck» de verdad, te puedes dejar cerca de 40.000‚ā¨ en la operaci√≥n. Y todo para… para que sea ilegal utilizarlas. Luego vas tan feliz por el mundo y te encuentras a gente diciendo que ellos «por 7.000‚ā¨ montaron su H restaurada y equipada»…

En Espa√Īa est√° prohibida la venta ambulante salvo en eventos organizados que cuenten con una licencia espec√≠fica para ello. Si bien vender comida a clientes en la calle no es ilegal «de facto» (siempre que se cumplan los requerimientos de manipulaci√≥n de alimentos y otros aspectos propios de la hosteler√≠a) vender comida «al aire libre», como te digo, es ilegal.

As√≠ que el nicho legal donde se tienen que mover los pocos Food Truck que existen ahora mismo en Espa√Īa (puedes consultarlos aqu√≠) es en eventos organizados. Por ejemplo, ferias en fiestas de pueblos, eventos de comida dise√Īados ex-profeso para congregar camiones de comida y cualquier otro acto donde el organizador haya suscrito los convenientes permisos y seguros de responsabilidad civil.


Claro que estos eventos son pocos, contados los d√≠as del a√Īo. Porque aparcar en un parking al aire libre de tu ciudad y ponerte a vender hamburguesas o perritos calientes es ilegal, de la misma manera que lo es pararse en una calle a medio d√≠a.

Los colectivos de aficionados a los Food Truck y los que se est√°n metiendo en este negocio tratan de cambiar la legislaci√≥n vigente, con el objetivo de conseguir que se cree una normativa expresa para los camiones de comida ambulante que les permita trabajar cualquier d√≠a del a√Īo en puntos pre-asignados de la ciudad o de los pueblos.

Pero mientras eso no llega, la realidad es que este es un negocio extremadamente complicado, m√°s cosa de capricho que de rentabilidad pura, pues tener que adelantar 40.000‚ā¨ para ponerte operativo, sabiendo que las fechas en las que vas a poder sacar a trabajar la furgoneta son 10 o 15 citas anuales tremendamente distantes entre s√≠, dividas por Espa√Īa, hacen que pensar en hacer de este «el negocio del a√Īo» no tenga demasiado sentido.


La gran cuesti√≥n es si estamos ante una moda pasajera, o si acabaremos viendo este fen√≥meno, con ayuda de un cambio de legislaci√≥n (los pol√≠ticos suelen malgastar su tiempo de trabajo en discutir sobre leyes que les interesan m√°s a ellos), en algo realmente consolidado al estilo estadounidense. Pero claro, cuando uno compara c√≥mo son las calles de Nueva York, c√≥mo pueden acoger puestos ambulantes est√°ticos, y c√≥mo funciona la din√°mica de «la hora del almuerzo» en d√≠as laborables al otro lado del charco, y lo compara con nuestras ciudades y nuestros ritmos de vida, cuesta creer que todo esto pueda consolidarse a gran escala.

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Pablo Mayo Sanz


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