Los «Food truck» son «cool» e ilegales

El movimiento viene de lejos, las cosas como son. Cualquiera que haya estado en Estados Unidos o vivido su cultura sabe bien que lo de los camiones de bocatas y asimilados vienen de lejos. Pero es en los últimos tiempos «pro-hipster» cuando se han puesto de moda, con comida elaborada «con productos locales», con hamburguesas de esas de 15€…

Y ahora, como siempre o casi siempre con bastante retraso, Europa está abriendo sus brazos a importar el concepto. En todo el viejo continente se está activando esta moda. Hasta algunos fabricantes como PSA han decidido montar sus propias iniciativas con la Peugeot Food Truck.


Mientras, en España, Televisión Española se ha animado con un reality tipo Top Chef o Máster Chef, compuesto de furgonetas de comida.

A estas alturas si te gusta la gastronomía y te gustan los coches, es más que probable que hayas empezado a atar cabos y pensar eso de que «molaría» vivir de pueblo en pueblo, de ciudad en ciudad, de calle en calle, vendiendo comida en un puesto de este estilo, tan «cool». Especialmente si llevas barba, claro que sí.

Pero, oh, sorpresa, resulta que los «Food truck» son ilegales en nuestro país. No sólo eso, a pesar de que los entendidillos de algunos medios han recibido el encargo de escribir sobre la última moda y se han atrevido a presupuestar en «20.000€» montarte tu propio furgón de comida, resulta que la realidad está muy lejos de esa cifra.

La imagen de un «Food Truck» lo es todo. El aspecto del camión y su toque neo-retro son el polo de atracción para poder hacer que la gente se pare a pedirte algo. En la vieja Europa hay una camioneta que en ese aspecto ha podido mucho más que las demás. Se trata de la mítica Citroën HY.


Con 45 o 58 caballos, en función de la versión, esta furgoneta de post-guerra tiene el aspecto retro y el espacio libre necesario para configurar un polo de atracción magnético. Pero que las apariencias no te engañen. Con un motor tan vetusto y viejo, no es precisamente rápida o fiable. En otros países con legislaciones más laxas en cuanto a transformaciones, cambiar el motor por uno moderno (Ford en Reino Unido, por ejemplo) resulta relativamente sencillo, pero en España tendrás que quedarte con los motores de cuatro cilindros originales de Citroën.

Una de estas furgonetas en mal estado (que por cierto, también se ensamblaron en Vigo) puede costarte cerca de 10.000€. Si acometes un saneamiento completo (óxido, mecánica) y además le adaptas la cocina y todos los aperos necesarios para convertirla en una «Food truck» de verdad, te puedes dejar cerca de 40.000€ en la operación. Y todo para… para que sea ilegal utilizarlas. Luego vas tan feliz por el mundo y te encuentras a gente diciendo que ellos «por 7.000€ montaron su H restaurada y equipada»…

En España está prohibida la venta ambulante salvo en eventos organizados que cuenten con una licencia específica para ello. Si bien vender comida a clientes en la calle no es ilegal «de facto» (siempre que se cumplan los requerimientos de manipulación de alimentos y otros aspectos propios de la hostelería) vender comida «al aire libre», como te digo, es ilegal.

Así que el nicho legal donde se tienen que mover los pocos Food Truck que existen ahora mismo en España (puedes consultarlos aquí) es en eventos organizados. Por ejemplo, ferias en fiestas de pueblos, eventos de comida diseñados ex-profeso para congregar camiones de comida y cualquier otro acto donde el organizador haya suscrito los convenientes permisos y seguros de responsabilidad civil.


Claro que estos eventos son pocos, contados los días del año. Porque aparcar en un parking al aire libre de tu ciudad y ponerte a vender hamburguesas o perritos calientes es ilegal, de la misma manera que lo es pararse en una calle a medio día.

Los colectivos de aficionados a los Food Truck y los que se están metiendo en este negocio tratan de cambiar la legislación vigente, con el objetivo de conseguir que se cree una normativa expresa para los camiones de comida ambulante que les permita trabajar cualquier día del año en puntos pre-asignados de la ciudad o de los pueblos.

Pero mientras eso no llega, la realidad es que este es un negocio extremadamente complicado, más cosa de capricho que de rentabilidad pura, pues tener que adelantar 40.000€ para ponerte operativo, sabiendo que las fechas en las que vas a poder sacar a trabajar la furgoneta son 10 o 15 citas anuales tremendamente distantes entre sí, dividas por España, hacen que pensar en hacer de este «el negocio del año» no tenga demasiado sentido.


La gran cuestión es si estamos ante una moda pasajera, o si acabaremos viendo este fenómeno, con ayuda de un cambio de legislación (los políticos suelen malgastar su tiempo de trabajo en discutir sobre leyes que les interesan más a ellos), en algo realmente consolidado al estilo estadounidense. Pero claro, cuando uno compara cómo son las calles de Nueva York, cómo pueden acoger puestos ambulantes estáticos, y cómo funciona la dinámica de «la hora del almuerzo» en días laborables al otro lado del charco, y lo compara con nuestras ciudades y nuestros ritmos de vida, cuesta creer que todo esto pueda consolidarse a gran escala.



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