El 95% de los conductores españoles dice que conducen mejor que la media

Al volver para casa, ya con un poco más de tráfico, tuve un pequeño susto al llegar a la primera rotonda: yo me situé en el carril derecho, el único que permite el giro a la derecha, y al iniciar la marcha se me cruzó el vehículo que circulaba por el carril central, reservado para los que van a incorporarse a la plaza. Le toqué el claxon y el conductor detuvo el vehículo, bajó la ventanilla y con cierta superioridad me preguntó: “¿Qué pasa? ¿No me has visto?”


Pues resulta que en poco más que 10 metros este conductor ignoró la obligación de circular en la dirección que le marcaba la señalización horizontal de su carril, intentó salir de la rotonda desde el carril central, omitió la necesidad de señalizar la maniobra con el intermitente y no se dio cuenta, o no quiso, de que el requisito más importante para cambiar de carril es que no haya vehículos circulando por el carril al que nos queremos desplazar.

Poco después me encontré con un cruce también un poco complicado por los desplazamientos laterales que debo hacer en sólo 200 metros y en donde muchos conductores parecen evitar la señalización horizontal en cuanto a la preselección de carriles y realizan maniobras que en ocasiones pueden llegar a ser peligrosas.

Visto estos ejemplos, y con la experiencia que me aportan los kilómetros que llevo detrás de un volante, he llegado a la conclusión de que en todas las acciones erróneas o poco acertadas que hacemos los españoles en la carretera existe una combinación peligrosa entre el desconocimiento de la normativa vigente y la falta de educación o respeto hacia los demás usuarios de la vía, máxime cuando sabemos que aproximadamente el 90% de los accidentes pueden achacarse al factor humano.


La falta de educación y/o de respeto hacia el resto de usuarios no es mesurable salvo en casos muy extremos. Sin embargo, el desconocimiento del reglamento general de conductores puede llevarnos a cometer faltas al volante que, en casos muy graves, pueden acabar incluso con imputaciones por delito.

En este sentido creo que el primer paso lo debería dar la Dirección General de Tráfico adaptando tanto el contenido de la normativa como el vocabulario utilizado al mundo real que nos ha tocado vivir. Y desde aquí me quejo enérgicamente por lo enrevesado de algunas cuestiones.

Por ejemplo, en la página 648 del código de tráfico y seguridad vial, en su edición actualizada a 26 de abril de 2016, hay una tabla de la que he extraído esto:

 

Tipo de Luz Número Color Situación Obligatorio o no
Luces indicadoras de dirección Un número par mayor de dos AMARILLO AUTO Bordes exteriores y lateral Obligatorio

 

Todos los que tenemos el carné de conducir entendemos sabemos lo que son las luces indicadoras de dirección y lo que es el color amarillo auto, pero aun así considero que sería mucho más entendible indicar que los “intermitentes” deben ser de color “naranja”.

Una vez que hemos sacado el carné de conducir, considero que es muy interesante que los conductores estemos al tanto de las posibles variaciones en la normativa vigente. Antiguamente la Dirección General de Tráfico enviaba prospectos a los conductores cuando se acercaba alguna variación importante en el reglamento general de conductores. Hoy en día las únicas comunicaciones que tenemos son las multas.


Recapitulando para hacer un breve resumen, hasta este punto he hablado de la mala educación de algunos conductores, de un reglamento que más que leerlo hay que descifrarlo (al igual que algunas preguntas de las pruebas teóricas) y de la inexistente comunicación de la Dirección General de Tráfico con los conductores, que últimamente se reduce a su participación en distintas redes sociales.

No sé si debo pedir disculpar por anticipado, pero que por favor nadie se ofenda si afirmo que con estos ingredientes lo único que estamos obteniendo es que los accidentes de tráfico se lleven por delante cientos de vidas humanas cada año y dejen secuelas vitalicias, tanto físicas como psíquicas, a otro tanto.

En este marco se hace evidente que, sin negar la efectividad de los radares, de los agentes de Tráfico o del carné de puntos, algo está fallando en España. Cierto es que en el año 2015 se alcanzó el mínimo número de víctimas mortales en accidentes de carretera desde que se iniciaron los registros en 1960, pero nos mantenemos en un nivel similar al del Reino Unido, que tiene sesenta millones de habitantes, muchos menos kilómetros de vías de alta capacidad que España y un parque móvil que supera al nuestro en aproximadamente diez millones de vehículos.

¿Y si se impusiera una reválida?

Asumo que sería una medida impopular y me atrevo a decir que incluso entre aquellos que lo valorarían como útil. ¿No actualizamos el móvil o la tableta? ¿No nos llama la atención la última tecnología? ¿Pues por qué no actualizar unos conocimientos cuya correcta aplicación son vitales para mantener nuestra integridad física en nuestros viajes?


Con esto no estoy solicitando un estado policial en torno al conductor, ni mucho menos. Simplemente propongo un método para minimizar no sólo el número de víctimas sino también el número de incidentes viales que cada día suceden en España.

Partiendo del hecho de que para que en nuestro país retiren el carné de conducir a un individuo tiene que haber realizado una imprudencia muy grave, considero interesante que se instaure, aunque sea a modo de prueba piloto, un método más completo de renovación del carné de conducir que el pasar el reconocimiento médico actual y su extraña prueba el doble mando. El volver a examinarse del carné de conducir podría ser una buena idea.

Lógicamente, en el contexto económico actual, soy consciente de que el volver a tener que hacer todo el proceso de examen teórico desequilibraría el presupuesto mensual a miles de familias, además del tiempo que se requiere. Además, tampoco me parece adecuada la política española en materia de seguridad vial, que no persigue más que victimizar constantemente a los sufridos conductores y a sus bolsillos.

Para este tipo de reválida sobre los conocimientos que los españoles tenemos de la parte teórica de aquello de los que nos examinamos en su día propongo a dos tipos de conductores:

  • Profesionales (taxistas, conductores de autobuses o camiones, repartidores…)
  • Particulares reincidentes

Respecto a la necesidad de valorar los conocimientos de los profesionales del volante creo que nadie se opondrá (a excepción de ellos mismos). Estos profesionales pasan muchas horas al volante y están más expuestos que nadie tanto a adquirir vicios en la conducción como a sufrir un accidente. No debemos olvidar tampoco que taxistas o conductores de autobuses deben responsabilizarse de sus pasajeros. Además la forma en la que estos grupos profesionales conducen, sobre todo en vías urbanas, es reiteradamente objeto de polémicas con el resto de conductores.

Respecto a los particulares reincidentes creo que tampoco encontré oposición alguna excepto nuevamente la de ellos mismos. En este sentido debemos tener en cuenta que aquellas sanciones que no conllevan retirada de puntos no suelen incluirse en el registro histórico del conductor. Esto quiere decir a los ojos de las administraciones públicas es tan buen conductor el que nunca ha sido sancionado como al que le ponen cada mes una multa por circular a 145 km/h por una autopista.

Pues es precisamente a este tipo de personas a las que la Dirección General de Tráfico debería hacerles llegar una carta en la que se les explicase que ante las reiteradas demostraciones de falta de respeto y/o conocimiento hacia el Reglamento General de Conductores deberán volver a examinarse en un plazo determinado.

Esta medida no la veo ni disparatada ni inviable y me atrevo a decir que serviría como medida disuasoria de cara al infractor y como medida tranquilizadora para el resto de conductores que (aún) nos esforzamos en cumplir la normativa vigente.

Con esto no pretendo que penséis que soy una especie de ogro justiciero porque considero también de suma importancia que desde la Dirección General de Tráfico se valore la necesidad de instaurar medidas que premien las buenas conductas al volante para demostrar que es cierto que se preocupan por nuestra seguridad y que las campañas de “sensibilización” no son realmente campañas de “recaudación”.

¿No están nuestras carreteras y nuestras ciudades llenas de radares y de cámaras?  ¿Por qué no adaptar estos instrumentos también para la detección de buenos conductores?

En estudios psicológicos realizados tanto con humanos como con animales ha quedado demostrada la mayor eficacia del premio frente al castigo, así no que debe considerarse una locura la posibilidad de que las administraciones públicas premien a los buenos conductores de una forma tangible. Con esto quiero decir que no estaría en absoluto nada mal que a los buenos conductores nos enviasen, por ejemplo, un pequeño descuento para combustible, para el seguro, para la zona azul… En definitiva, algo que los conductores podamos disfrutar.

Al igual que he comentado con el tema de la reválida para la teoría del carné de conducir, en el caso de los premios habría que tener en cuenta de alguna manera el número de ocasiones en las que se detecte a un conductor responsable frente al que no obtiene nungún registro. Lógicamente no se puede premiar en igual medida al que hace miles de kilómetros al año y las supuestas cámaras de vigilancia observan que tiene un comportamiento responsable que al conductor que hace muy pocos kilómetros al año y del que no hay ningún tipo de dato. En cualquier caso, creo que los distintos programas de fidelidad que tienen las grandes superficies o las gasolineras podrían servir de ejemplo.

Esta medida, que considero gozaría de una gran acogida, representaría un gasto importante para el Estado. Pero no debemos olvidar tampoco que en, caso de un accidente de tráfico, el desplazamiento de una unidad móvil de soporte avanzado tiene un coste que puede superar los 400 euros de salida, más de 40 euros por hora de trabajo y más de un euro por kilómetro recorrido. Si la gravedad del accidente hace preciso el traslado en helicóptero de alguna víctima el coste se incrementa en unos 2.000 euros por hora de actividad. Además, en ocasiones, se hace preciso la reparación de elementos viarios como semáforos o guardarraíles que incrementan el gasto generado por el accidente, a sumar al ya coste humano y al dolor de perder a un familiar o amigo, que también genera gastos social (psicólogos, bajas laborales…).

Si se consiguiese reducir el número de accidentes graves se minimizarían los gastos anteriormente citados y si descendieran los accidentes leves se reducirían también el coste derivado de indemnizaciones de orden menor, como el esguince cervical, así como las derivadas de la reparación de los vehículos implicados, lo que debería reflejarse con una bajada en el precio de las pólizas de los seguros, algo que favorece directamente al conductor.

En cualquier caso, lo expuesto en este artículo son sólo algunas propuestas con cierta viabilidad que acercarían posiciones entre conductores y administraciones públicas y repercutiría en unas carreteras más seguras. Sin embargo, a día de hoy, aún hay muchos conductores sin ninguna preocupación en lo que respecta a la seguridad vial y la actuación de la Dirección General de Tráfico producen un efecto de rechazo en nuestra sociedad.



Pistonudos.com es creado por auténticos fanáticos del motor.Una web hecha para informar sobre las últimas novedades en coches, motos, eventos y también a nivel competitivo. Queremos compartir información de calidad y útil para todos los usuarios más apasionados, por eso hemos ampliado la web con distintos tips de mecánica.
Siguiente ❯
¡Comentario enviado con éxito! Lo revisaremos en las próximas horas.