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Cómo iniciarse en el mundo de LEGO

LEGO es un fabricante de juguetes de plástico, pero de los mejores cotizados del mundo. No solamente venden juguetes para niños pequeños, también se los compran sus padres, bien por haber sido alguna vez niños, o por querer volver a serlo con la excusa de los hijos. Esta afición puede compararse tranquilamente con la de tener coches: puede llegar a ser un pozo donde no vamos a parar de soltar dinero.

Estos juguetes han alcanzado una enorme popularidad, y de hecho, existe un interesante mercado de compra/venta en el que podemos ver cómo se pagan (y se piden) auténticas animaladas por piezas de plástico ABS. También hay que decir que estas piezas están tan bien construidas que, aunque tengan 30 o 40 años, encajan perfectamente entre ellas, o con piezas totalmente nuevas. Se usan unos márgenes de tolerancia de milésimas de milímetro, para evitar que las construcciones sean endebles, o que las piezas no puedan ser separadas. Es un juguete hecho para durar.


Hay dos formas básicas de jugar con LEGO. La primera es seguir el manual de instrucciones e ir completando las distintas fases hasta terminar un vehículo, edificio o cualquier otro objeto. La dificultad va desde los juegos para niños de guardería hasta para adolescentes. En una escala superior está quien coge un puñado de piezas y hace sus propias creaciones. Las posibilidades son virtualmente infinitas.

Es un mundo fascinante por la cantidad de piezas y sus distintas funciones, algunas permiten flexibilidad elástica, mecanismos básicos, vehículos que se mueven por sí mismos e incluso robots con una complejidad muy contundente. Si lo queremos comparar con un videojuego, sería como un sandbox (tipo Grand Theft Auto): hay tantas posibilidades que solo la imaginación pone los límites.

Las cajas más complicadas, de Technics, tienen engranajes, mecanismos, poleas… hasta pueden funcionar con motores eléctricos y pilas. Ocupan más espacio y tienen un nivel de detalle destacable. Se recomiendan para chicos de 16 años en adelante, pero un niño más pequeño, si está espabilado, puede terminarlos rápidamente. El límite está en la sensatez, algunas piezas son demasiado pequeñas para los más peques. Tragarse una pieza de Duplo es difícil hasta para Chicote, pero una pieza de 1×1…


Caros no. Lo siguiente

Los LEGO son juguetes muy caros, basta con mirar los precios en una juguetería y quedarnos con cara de haber visto a Elvis bailando. Si nos vamos a otra juguetería, lo mismo. Alguien a quien le resulte ignoto este mundo pensará que hay errores en los precios, que hay una coma corrida uno o dos decimales, que no puede ser que un juguete de plástico cueste 500 euros. Política de empresa, los LEGO no se venden baratos.

LEGO empezó fabricando juguetes de madera y se pasó al plástico hace más de 50 años

¿Y en segunda mano? Puede ser peor todavía. Estos juguetes vienen a funcionar de la misma forma que el mercado de coches exóticos, usados pueden costar más que nuevos. Si, encima, tienen varios años, y son cajas sin desprecintar, con las bolsitas de piezas vírgenes, se pueden ver precios por encima de 1.000 euros por caja, y superar los 10.000 también. En el coleccionismo es oferta y demanda pura y dura: quien realmente quiere conseguir la caja que anhela, tendrá que aflojarse mucho la cartera.

También pueden verse precios por las nubes por cajas a las que les faltan piezas, los manuales de instrucciones o el propio envase. Da igual, los precios pueden seguir siendo absurdamente altos. Obviamente no son precios para niños, son precios para niños grandes que pueden permitirse lujos. La única forma de conseguir un LEGO muy barato es comprárselo a alguien que no sabe la cotización de lo que tiene.

Si hablamos de cajas de edición limitada relacionadas con fenómenos mediáticos como Star Wars, Harry Potter o similares, se acrecienta la locura. Hay gente que gana dinero invirtiendo en LEGO y luego vendiendo, y sin abrir nunca las cajas ni disfrutarlos. Su revalorización supera en rentabilidad a índices como el NYSE americano, y es una inversión mucho más segura. A pesar de las consolas, tabletas, móviles y demás ocio digital, LEGO sigue siendo un objeto de deseo que no pierde valor. Os dejo un ejemplo en Brick-Link, asusta.


Hay colecciones y colecciones. Están las sagas de ciudad (LEGO City), medievales, temáticas, avanzados (Technics), del espacio exterior… Dependiendo de la época y de su estado son más o menos accesibles. Si se adquieren cajas antiguas, hay que preocuparse mínimamente de su estado. Las piezas solo acusan un deterioro visual por la exposición a la luz solar, quedándose más amarillentas. Esto, afortunadamente, es reversible.

Como en todo coleccionismo, se valora mucho la integridad, el envoltorio, manual de instrucciones, etc. Pero las piezas siguen encajando perfectamente. Respecto a otros juguetes como Scalextric (o cualquier otro slot), no requieren apenas mantenimiento, y el paso de los años se nota muchísimo menos. Si los LEGO se conservan fuera de la luz solar directa, pueden durar lo que se quiera… décadas.

Soy uno de esos afortunados que ha conservado sus LEGO de la infancia hasta mi edad actual. Si en su momento hubiesen acabado en la basura, o los hubiese malvendido, me estaría tirando de los pelos hasta quedarme como Antonio Lobato. Ahora mismo no podría asumir la recompra de mi colección, ¡vale más que mi coche! Y me arrepentiría el resto de mi vida… LEGO, en cierto modo, siempre saca nuestro niño interior; no puedo negar lo evidente.

Para combatir el amarilleo de las piezas basta con sumergirlas o tratarlas con peróxido de hidrógeno (H2O2) -agua oxigenada- de 110 volúmenes (concentración del 30%) y exponer la solución a la luz solar, fuente gratuita de rayos ultravioleta. Vuelven a quedar como nuevas, cualquier otro producto de limpieza no conseguirá el mismo resultado. Los botes se adquieren en farmacias o empresas que suministran a peluquerías, son negros y van sellados al vacío. El agua oxigenada convencional tiene una concentración muy inferior, 10 vólumenes o un 3%. Por cierto, al contacto con el aire acaba siendo agua normal y corriente (H2O), y es carísima: 4,75 euros por 500 ml.


A diferencia de un coche, no nos pondremos las manos perdidas de grasa, pero es un proceso que hay que hacer con cuidado. El agua oxigenada a tanta concentración emana vapores tóxicos e irritantes, hay que manipular todo con guantes y en un sitio bien ventilado, si no queremos opositar a un accidente doméstico. Lógicamente nada de esto está al alcance de un niño, ni debe estarlo. Este procedimiento es válido para cualquier plástico ABS que se ha amarilleado, como carcasas de productos electrónicos.

Consultar LEGO en Internet es muy peligroso

Existen páginas Web que tienen los catálogos completos año por año, con la lista completa de piezas que son necesarias, y hasta los manuales de instrucciones escaneados. Cada referencia tiene un identificador numérico con el que se pueden encontrar en cualquier parte del mundo, por ejemplo LEGO 5580. Es más, cada pieza individual también tiene un número de referencia, por lo que es posible encontrar esa pieza concretísima que hemos perdido o se ha roto (normalmente por nuestra culpa).

Si nos metemos en páginas de coleccionismo, eBay o similares podemos acabar al cabo de los años como los protagonistas de Trainspotting, pero cambiando la heroína por piezas de LEGO. Habremos vendido el coche, nuestra pareja nos habrá abandonado, nos habrán despedido por quedarnos montando kits en casa y llevaremos días sin comer por gastar los ahorros en piezas. Vale, he exagerado un poco, pero si no se pone uno un límite, puede acabar así.

Los niños, en su bendita inocencia, no saben nada de esto. Tardarán años en saber lo que cuestan adquirir las cajas -ahora comprendo a mis padres mucho mejor- y valorar lo que tienen. Si se les inocula el virus a tiempo, como pasa con el tuning, no tendrán dinero para gastárselo en porros, botellón o tabaco cuando vayan creciendo. O sí, un día pueden verlo como un simple juguete y pasar de sus LEGO. Será la oportunidad de alguien que le de un mayor valor, y disponga de la pasta.

Los iniciados dispondrán de construcciones pequeñas, que cabrán en una vitrina de cristal o metacrilato. Los más frikis necesitarán una superficie medible en metros cuadrados para desplegar todas sus construcciones, y con cierto nivel de ambientación: pasa lo mismo con Warhammer o las maquetas ferroviarias. A diferencia del ocio digital, acaparar LEGO implica no solamente dinero, también espacio físico. Es lo que tienen los juguetes «analógicos».

LEGO tiene un modelo empresarial que ha sobrevivido con mucha dignidad a la crisis económica por un lado, y a la digitalización de la chavalería por otro. Si no fuese por el interés que mostramos los adultos (o niños grandes) probablemente su modelo habría ido a la quiebra. No son juguetes hechos en China de cualquier manera, se fabrican fundamentalmente en Europa, y con un nivel de calidad y precisión industrial que ya quisiera para sí el sector automovilístico.

Podría tirarme hablando de LEGO hasta el día del juicio final, pero este artículo es una mera aproximación a un vicio tremendo. ¿Tienes algún LEGO? Siéntete afortunado, y si está guardado, ábrelo. Si ya te consideras muy mayor para estas cosas, véndelo, harás feliz a alguien, y de paso, te llevarás un buen dinero. Esto es mucho más que un juguete, es un billete de vuelta a la infancia, y dicha experiencia bien vale ese dinero. Quien lo sabe, me ha entendido perfectamente.

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