Opel Grandland X, el tercer crossover de Opel

PSA ha aprendido la lección, no más SUV con leve remarcado. El modelo alemán tiene su propia personalidad. Las imágenes corresponden a un gasolina Turbo con el acabado más alto y el acabado bitono. Diversos elementos de diseño le hacen inconfundiblemente Opel, como el bigote de la parrilla y las formas angulosas. ¿Es casualidad que se desvele casi a la vez que el C5 Aircross? Lo dudo; eso sí, no es una novedad pensada para China, ni tiene nada que ver con el Salón de Shangái.


Es 20 cm más largo que Mokka X y Crossland X. En total se va a 4.477 mm de largo, 1.844 mm de ancho y 1.636 mm de alto. Entre sus argumentos de venta, lo típico de este segmento: que está más alto y «se ve mejor» desde las alturas. No nos han dado el dato de altura libre al suelo, pero esto es relativamente poco importante: no se detallan versiones de tracción total.

El Grandland X usará el mismo truco que sus primos PSA, el control de tracción inteligente en el tren delantero. En conjunción con las ruedas adecuadas (M+S) es capaz de lograr mejoras notables en la motricidad sobre superficies tales como barro, nieve o arena, siempre dentro de unos límites razonables. Es un apaño para el cliente típico de este segmento, que paga contento por elevar la suspensión 3.000 euros, pero que la tracción total por el mismo precio le parece cara.

Las notas de diseño son las habituales: plásticos negros bordeando la carrocería, líneas anchas y protecciones de plástico para el motor (vamos, de adorno), llantas molonas con poco perfil de neumático, barras de techo, músculo marcado… Eso sí, la tapa del radar del control de crucero es demasiado evidente y parece un diseño de hace 10 años. Ojo al pilar C, simula un techo flotante, esto va más a la moda. En general es un diseño más convencional que el de sus primos franceses, algo muy alemán.


Por dentro es inconfundiblemente Opel, nada haría sospechar que tiene genes PSA. Como suele ser ya habitual, preside la consola central una pantalla con el sistema Intellilink y conectividad con Apple CarPlay y Android Auto. En la parte superior están los controles de OnStar y la conectividad WiFi 4G/LTE que tanto promociona Opel. Es un diseño limpio, ordenado y sin estridencias. El tablero de instrumentos es bastante conservador, los alemanes no son de jugársela mucho con el diseño.

Se supone que hay sitio para todas las historias que cinco ocupantes quieran llevar, el volumen de carga va de los 514 a los 1.652 litros. Opel lo posiciona como una alternativa al Astra Sports Tourer o el Zafira, todos dentro de la clase compacta (segmento C).

A nivel tecnológico tiene varias «chuches» habituales en Opel, como los asientos certificados por la AGR alemana, volante calefactado, faros adaptativos AFL, control de chasis o asistente de aparcamiento. Otras le vienen nuevas como la visión de 360 grados mediante cámaras, portón trasero eléctrico accionable con un gesto de pie, recarga inductiva para móviles, etc. Tampoco hay homogeneización de equipamiento con sus primos franceses, reforzando la diferenciación. Del mismo barro salen distintos lodos.


Habrá que esperar hasta otoño para comprarlo. Más adelante se nos darán más detalles sobre motorizaciones (ni un dato técnico más allá de las dimensiones dado nos han), variantes de equipamiento y precios. Más o menos tendrá los precios del retirado Antara.



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