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Bentley Bentayga Diesel, próximamente en sus retrovisores

Con un consumo de «solo» 7,9 l/100 km, es el más –cof cof– económico en su categoría. Considerando que pesa en orden de marcha 2,4 toneladas y con esa potencia, es un consumo ridículo; un Pathfinder 2.5 dCi de 170 CV gasta eso o más. Bueno, corrijo, son 7,9 l/100 km en ciclo homologado NEDC, pero si eso son 9 l/100 km reales sigue pareciéndome poco. A nivel impositivo paga el máximo, 14,75-16,75%, por emitir 210 g/km de CO2.

Es el Big Boss de los calamares por lujo, potencia, precio… por todo

Con un depósito de 85 litros de gasóleo, es capaz de hacer más de 1.000 kilómetros, o eso dice Bentley. Eso no es lo más sorprendente, sino disponer de 900 Nm de par máximo a solo 1.000 RPM, de esa forma se puede remolcar una enorme caravana o una embarcación de camino al castillo de Staffordbridge sin que el motor acuse esfuerzo. Descargado tiene unas prestaciones que quitan el hipo y la diabetes: 0-100 km/h en 4,8 segundos, y una velocidad máxima absurda, 270 km/h. Sirva de referencia que el Audi Q7 6.0 V12 TDI (500 CV) de la generación previa hacía 0-100 km/h en 5,5 segundos y estaba autolimitado a 250 km/h.


Para digerir ese torrente de par utiliza una caja automática de ocho velocidades de ZF, siendo la sexta relación la directa (1.000), la séptima es la larga y la octava la ultralarga (0.667). Si hay que parar al monstruo, frenos de disco ventilados de 400 y 380 mm obligarán a los rodillos-apisonadora Pirelli de 20 a 22 pulgadas a parar en una distancia muy razonable.

Al igual que el SQ7 dispone de un sistema eléctrico de 48 voltios, cuya principal ventaja es el tercer turbocompresor eléctrico, que sopla en solo 30 milisegundos. La fuerza convencional viene de dos turbos en disposición secuencial, que entregan fuerza a lo largo de todo el abanico de revoluciones. Casi 109 caballos por litro es una animalada para un motor diésel.


También se beneficia de la suspensión neumática con cuatro alturas y autonivelada, barras estabilizadoras activas (opcional en ambos ejes), control continuo de amortiguación, etc. Estéticamente se diferencia por una parrilla negra con borde cromado y una barra central, y luce insignias «V8-DIESEL» en la esquina inferior de las puertas delanteras más cercana a las ruedas. Sus salidas de escape son doblemente dobles, una a cada lado. Nos queda el consuelo de que utiliza reducción catalítica selectiva (SCR) para no intoxicar a todos a su paso.


En resumen, un petrolero para quitarse el sombrero. Los profundos bolsillos que se lo puedan permitir ya pueden irlo encargando, aunque no llegará a sus garajes privados hasta principios de 2017. Para los demás, si tienen parafilias con SUV de más de dos toneladas que pueden humillar a cualquier compacto deportivo, pueden meterse en la intimidad en el configurador oficial: www.bentleyconfigurator.com, y fantasear con lo del castillo de Staffordbridge (y luego recordad borrar las cookies, como cuando navegáis por otros sitios).

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