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Estándares chinos, una nueva amenaza para la industria

Leo un interesante reportaje de Reuters sobre la que se avecina en la China. Resulta que las autoridades del país estaban permitiendo la comercialización de coches, tanto nacionales como importados, si cumplían estándares externos, y así, no necesitan conformidad con los estándares chinos. En ese sentido, el país asiático va muy por detrás, baste decir que la normativa de emisiones vigente es Euro 4, y en Europa se instauró en 2004.

China es el primer mercado mundial de automóviles, también es el principal constructor mundial. En el reportaje se nos cuenta que Honda y Nissan ya han tenido un par de encontronazos con las autoridades de certificación, poniendo pegas a modelos que ya están a la venta en mercados como el europeo o el japonés. Esas pegas pueden traducirse en mucho dinero si hay que rediseñar piezas.


Aunque el volumen que se vende por allí bien puede justificar estos rediseños, porque es dinero que se va a recuperar, es como meter palos dentro de los radios de la rueda. Los rediseños consumen recursos de i+D, y ese tiempo perdido se deja de emplear en nuevas tecnologías, mayor seguridad o menores consumos. Si China se pone chula y exige estándares distintos a los que ha aceptado el resto del mundo, el problema puede ser muy importante.

Los estándares chinos están desfasados, y regulan aspectos como la resistencia que deben tener los paragolpes, o la posición de las distintas luces del vehículo. Si esa normativa no encaja con otras, toca rediseñar los paragolpes exclusivamente para el mercado chino, y eso es un atraso.

Volvamos a Japón, hace unos cuantos años. Todos los coches de producción local tenían los retrovisores en las aletas delanteras, lo que se conoce como «fender mirror» o fendā mirā. Al querer los japoneses exportar sus coches al exterior, debían usar los retrovisores de pilar A o puerta. Al aceptarse en la normativa japonesa la modalidad extranjera, por motivos prácticos los fabricantes adoptaron un único estándar. Solo algunos modelos no pensados para exportarse de Japón, como el Toyota Century, aún utilizan esa exótica forma de colocar los espejos.


¿Qué habría pasado si Japón hubiese obligado a todos los que quisiesen vender sus coches en el país a adoptar su estándar? Nada bueno

Precisamente lo que se pretende a medio y largo plazo en ingeniería viene a ser todo lo contrario, unificar estándares a escala planetaria, a través de Naciones Unidas, para que las normativas de emisiones, seguridad o de iluminación valgan en cualquier sitio: eso agilizaría el desarrollo, ahorraría costes, y dinamizaría la economía.

La otra cara de la moneda es que puede perjudicar a algunos fabricantes

Algunos analistas creen que estas pegas que ponen las autoridades chinas son un nuevo intento de proteger a sus fabricantes locales, que de forma natural no pueden ser competitivos con los extranjeros. Las marcas 100% chinas están perdiendo terreno en el mercado año tras año, lo cual es normal de acuerdo a la globalización. La extorsión a los extranjeros para asociarse con fabricantes locales a la fuerza ha servido para evitar la práctica desaparición de las marcas autóctonas. Los más grandes pueden resistir, pero los pequeños durarían poco.

Los mandamases chinos lo saben, en un mercado de competencia perfecta no tienen nada que hacer, la mayoría solo compite en precio, no en calidades, y fuera de China apenas venden. ¿Por qué no se ha inundado Europa de coches chinos? Los pocos que han conseguido ser homologados han dado unos problemas de calidad que son inadmisibles por estos lares, por lo que han sido unos pocos miles de unidades, y por la puerta de atrás.


Los fabricantes temen que las autoridades chinas decidan salirse de la tendencia de unificar estándares, y ponga la zancadilla a los extranjeros. Otros analistas nos dirán que no, no es una medida que beneficie especialmente a los locales. Pero como la tarta china es la más jugosa de la pastelería, los fabricantes tendrán que pasar por el aro una vez y otra, todo lo que se encapriche a las autoridades chinas.

¿Quién dice que no a un mercado de más de 15 millones de unidades al año? Mal hay que hacerlo para no llevarse ni un trozo.

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