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¿Por qué no hacer catas ciegas de coches?

Permitidme un pequeño inciso. Estaba mirando «El Comidista», un espacio de EL PAÍS, en el que se comentan varios casos de haber colado productos de gama baja o precio reducido a presuntos gourmets como si fuesen de alta gama (La prueba del postureo), y los resultados son sorprendentes. Cuando a un producto le quitamos ciertos atributos como el envase o la imagen de marca, su percepción puede cambiar completamente. ¿Se puede colar una ensalada del McDonald’s como producto bio? Perfectamente. De la misma forma se puede colar un vino de euro el litro, apto para botellón, como si fuese un delicado caldo de una prestigiosa bodega.


El auténtico experto no caerá en la trampa, pero ¿qué hay de los demás?

Cuando estamos intentando diferenciar productos de gamas diferentes, existen unos atributos que son objetivos, pero hay otros que son totalmente subjetivos y aleatorios. Dentro del segundo grupo encontraremos mucho postureo, gente que se las dará de experto, y que en realidad no tiene ni puñetera idea de lo que está hablando. Eso sí, partiendo de la premisa de que es un producto de alta gama, su manera de enjuiciar al producto en cuestión será bastante diferente.

Volvamos a hablar de coches. Si no hablamos de coches de lujo o muy exóticos, podemos diferenciar dos grandes segmentos, el generalista y el Premium. Como he indicado anteriormente, sí, hay unos atributos objetivos que realmente hacen la diferencia, pero también hay otros que ya son algo totalmente personal. Es algo que nos pasa incluso a los periodistas del motor, podemos tener un juicio predefinido al probar un coche de una marca Premium y de una generalista, y luego llevarnos una sorpresa, tanto buena como mala.

Pero bueno, vamos a suponer que hablamos de un gremio con unos conocimientos superiores a lo normal, y que en mi profesión somos capaces de juzgar objetivamente un coche por algo más que el escudo que porta el capó. Otra cosa será hablar del público en general, donde no siempre encontraremos una cultura del automóvil suficiente como para distinguir adecuadamente una cosa y la otra.


En cualquier bar español, además de contar con la alineación ideal para el Real Madrid-Bayern Munchen, podremos recibir el siguiente comentario sobre la diferencia entre un generalista y un Premium del mismo fabricante, pero diferentes marcas: «cambian los logotipos y poco más». Con un par. Es correcto que son coches que comparten plataformas, motores y una larga lista de elementos por economías de escala, pero realmente existe una diferencia, y no solo hablo de la cifra final en la factura.

https://youtu.be/ceo8-gtio9Y

La diferenciación será menor o mayor, y no todos lo van a percibir de la misma forma: depende del bolsillo

Supongamos que hacemos catas ciegas de coches. Lo de conducir a ciegas, la verdad, es un poco difícil. No es que sea imposible, SEAT organizó en julio una jornada en el Circuito del Jarama en el que conductores invidentes se dieron unas vueltas con copiloto, y otros tantos conductores como tú y como yo rodaron con los ojos vendados. Me quedo con el relato que hizo una compañera de profesión, supo describir muy bien la sensación de conducir literalmente a ciegas. Esto, en carretera abierta, como que no es posible, se sancionaría como mínimo como «distracción».

¿Por qué una cata ciega? Por motivos evidentes, para no ver la marca del coche. Para mucha gente hay coches que resultan irreconocibles si les quitamos su escudo (algunos incluso con escudo), pero estoy pensando en liberar completamente nuestro cerebro del concepto de marca. Una cata completamente ciega, con los ojos vendados, y con los logotipos suprimidos al tacto con cinta americana o el método que se prefiera.


Me entran serias dudas de si habría tanta gente dispuesta a diferenciar lo que es Premium y lo que no. El catador ciego se sentaría en el coche y podría apreciar el tacto de los materiales, a qué huelen, ergonomía… aunque no mucho más. Desde luego la marca no contaminaría su juicio, a menos que sea alguien tan friki que pueda distinguir marca y modelo solo por las formas del salpicadero al tacto. Ni yo mismo me considero tan bueno con mi memoria táctil.

Estoy seguro de que el lector promedio de Pistonudos no se confundirá identificando a este modelo, o que como mínimo, acierte la marca. Pero ese conocimiento ya puede predisponer vuestro juicio, ya habéis pensado en SEAT, y en vuestra mente ya se han precargado algunas ideas. La única forma de evitarlo, es completamente a ciegas.

En una segunda parte de la cata, podemos pasar a la parte dinámica, aunque obviamente como pasajeros. Un conductor se encargaría de llevar el coche, y el catador tendrá que concentrarse en sus sensaciones. ¿Cómo distinguir a un Premium de un generalista? Pues la respuesta no es obvia, ni mucho menos.

Por ejemplo, notaremos más cómodo de suspensión un generalista con neumáticos de perfil 50, que un Premium con un perfil 35. Tendríamos la tentación de decir que el generalista es un coche de mayor calidad de rodadura, aunque realmente no sea así. El veredicto seguramente no sea el mismo si sabemos en qué coche nos hemos montado, porque ya es un juicio con ideas preconcebidas. Quitando esas ideas, la verdad, es que hablar de coches no sería lo mismo.


En la actualidad la diferencia entre Premium y generalista puede ser tremendamente difusa. Por un lado tenemos generalistas que hacen cada vez mejores productos y más próximos a lo que consideramos productos de alta gama. En sentido contrario, hay fabricantes Premium que, en su afán insaciable por vender más que sus rivales, están bajando el listón y metiéndose en segmentos donde antes no se habían «rebajado» a entrar. Seguro que todos tenemos ya unos ejemplos en la cabeza.

Sería interesante y revelador invitar a los clientes, ya sea de una marca, concesionario multimarca o cualquier compraventa, a que hagan catas ciegas; tanto estáticas como dinámicas. Que trasladen sus impresiones de qué les ha parecido, y que juzguen la calidad del producto sin tener prejuicios. Todo lo que nuestro cuñado nos haya podido contar, no nos afectará. Valoraremos de forma mucho más objetiva.

En el día a día esas comparaciones las hacemos con atributos que no tienen mucho que ver con el coche, como la marca con la que queremos ser vistos por los demás, si la filosofía de tal modelo es coherente con nuestro estilo de vida, o si en general aporta estatus o solo tiene que gustarnos a nosotros. Tiramos de subjetividad todos los días, y eso nos aparta de la realidad. No es fácil huír de ese discurso oculto, puede que lo tengamos grabado a fuego en la memoria.

Una vez que hemos determinado la diferencia objetiva entre un producto y otro, ¿hasta qué punto merece la pena? Pues eso ya es una cuestión de poder adquisitivo. Cualquier producto susceptible de ser percibido como de una gama superior, o que sea de capricho, puede tener el precio superior a lo normal. Los fabricantes lo saben, y por eso meten los estacazos que meten con SUV, deportivos, modelos Premium, etc. Los coches de precio «gancho», esos que realmente tienen el precio del anuncio, tienen un margen mucho más ajustado.

La diferencia habrá que pagarla. Hay marcas en las que una simple reprogramación de la centralita del motor puede costar 1.000 euros, a igualdad de equipamiento, logotipos, color de carrocería y cualquier otro atributo. Si tienen marca generalista y Premium, también habrá un buen leñazo entre uno y otro, aunque el 75% del coche sea exactamente igual. No es lo mismo el dolor que suponen 6.000 euros para quien pensaba gastarse máximo 30.000 euros, que para quien pensaba gastarse menos de 100.000 euros.

A mayor tamaño del bolsillo, mayor facilidad para percibir diferencias

Sé que no es fácil, y que los responsables de publicidad y márquetin han contaminado nuestras mentes con mensajes de todo tipo, la mayoría referentes a la seducción, apartándonos de nuestro lado racional y objetivo. En la medida de lo posible, hay que quitarse esas ideas, y valorar los productos de forma justa. Habrá de todo, desde productos de gama alta que sean superables por generalistas mucho más baratos, hasta realmente tener algo diferenciado, algo que ningún generalista puede igualar.

¿Te consideras capaz de hacer ese ejercicio de abstracción mental, o no consigues liberar tu mente?

PD: En la primera foto se puede ver el interior del Kia K9, un coche del segmento F, como el BMW Serie 7 que tiene debajo.

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